Comunicación o hermenéutica? Esta reflexión la escribió mi padre, Alessandro, hace unos años tras un episodio de censura online que sufrió una propuesta ideológica, centrada en el desarrollo de Europa como nación. Hoy, a un mes de su muerte, quiero proponer una pequeña muestra de sus ideas, a veces un poco locas, pero siempre con la autenticidad del pensamiento y la honestidad intelectual. Espero que puedas sentir la invitación a la libertad.

POLÍTICA y COMUNICACIÓN,
¿O todo menos la hermenéutica?

Es común identificar el paso entre la prehistoria y la historia en el cambio de comunicación de la tradición oral a la documentación escrita.

Se puede comprobar entonces que la comunicación se ha producido a través de una forma directa verbal (personal o multipersonal) o escrita, muchas veces en traducción y, por tanto, mediada por interpretación externa, en todo caso siempre en un contexto culturalmente restringido si no confidencial. Pensamos en los textos de Aristóteles conocidos por Occidente en los siglos posteriores gracias a Avicena y Averroè o a Ilíada y Odisea, poemas “divulgados” por Vincenzo Monti “gran traductor de los traductores de Homero”.
Mientras tanto, eventos auténticamente populares se han desarrollado en la frontera entre lo carnal y lo religioso, a menudo transgresores pero funcionales al poder: estamos hablando de narradores, festivales y fiestas patronales.
Todo esto hasta finales del siglo XIX. ¿Qué intervino entonces?

La primera señal de cambio vino (no reconocida inmediatamente en sus desarrollos) de los experimentos de los hermanos Lumière en el “cinéma”: lo que permanece en las noticias es la huida de los espectadores a la llegada del tren representado en la pantalla, y estamos a principios del siglo XX.
Poco tiempo después se populariza el cine, informativo destinado a interlocutores desconocidos, pero sobre todo no “elegidos” y no elegidos. Por lo tanto, es necesario un cambio en la forma de comunicarse: ya no sabes con quién estás hablando, ya no escribes para quienes te leen, tienes que expresarte en términos y conceptos que no tienen por qué vivir solo el tiempo de la comunicación impersonal…
Pensemos por un lado en las primeras intuiciones «publicitarias» de los carteles de Boccasile, de los Noticieros del Istituto Luce hasta la coreografía de las tertulias oceánicas, del culto al que sabe y debe ser entendido, entendido.
En los años poco después, en el bando contrario en plena guerra, pero aún era una cuestión de comunicación del régimen, Radio Londres difundió su “contrainformación” a interlocutores aún más desconocidos en los territorios enemigos. Por tanto, la comunicación ya no es verbal directa y personal o escrita para un interlocutor desconocido, sigue siendo directa, pero dispersa en el éter, siembra indiferenciada como ocurre naturalmente entre los peces.

La reconstrucción de la posguerra, la ya consolidada y generalizada difusión de la radio y, desde 1954, de la televisión organizada al servicio de los nuevos gobernantes en régimen en el mejor de los casos del oligopolio, han logrado la difusión de la noticia de forma coherente con lo impuesto por el poder.
Todo independientemente de la estructura democrática del estado o no.

Así, la comunicación se manejó sin problemas hasta la segunda mitad de la década de 1970. Posteriormente, la explosión de la radio y la televisión comerciales, comúnmente definidas como “libres” con un término espontáneo lleno de significados inconscientes desde la base pero concreto en relación a la comunicación aprobada, ha condicionado aún más la forma de comunicarse. En el corto plazo, la noticia ahora sustancialmente liberada de la censura del poder ha vuelto al tema de la no aprobación efectiva.

POLÍTICA, COMUNICACIÓN,
¿O todo menos la hermenéutica?

En este punto el problema que parte de comunicar para llegar a interpretar la comunicación, o, más precisamente, del comunicador al receptor, se vuelve fundamental desde el punto de vista ético «trivialmente»: desde la libertad de comunicación conquistada, desde la democracia popular, pasa a la expresión incontrolada del pensamiento. Cualquiera puede hacer información, ya no hay censura, pero ¿cómo puede el poder mantener el control?
Una situación inesperadamente «democrática» se ha salido de control y esto no puede ser funcional para el sistema.

Pero no es un problema que nos concierne, sino la posibilidad por parte del interlocutor de poder comprender subjetivamente a posteriori una noticia que debe transmitirse objetivamente, mientras que en realidad se comunica ya subjetivamente filtrada a priori.
El comunicador no se refiere de forma complaciente para dejar espacio a las interpretaciones del referente, sino que induce interpretaciones que no pueden ser tales porque son subliminalmente inducidas a priori.
Es como si un sistema algebraico con dos ecuaciones (comunicante y receptor) solo tuviera una desconocida, además, ya revelada entre líneas.

Por tanto, es trivialmente un problema de hermenéutica, de interpretación, pero ¿quién puede tener la facultad?
En este punto, el punto de inflexión de los años ’90 devuelve un equilibrio mínimo a los juegos: la informatización al alcance del individuo se difunde como una solución natural y paralela al desarrollo de las ciencias de la computación. Sigue una nueva evolución del método comunicativo que, siempre simplificando en términos geométricos, asume valores espaciales tridimensionales como lanzados por todo a todos incluso sin referencias de partida y, menos aún, de destino identificado y / o predeterminado.

Es interesante evaluar cómo la comunicación hasta la década de 1920 tenía como a través de lo hablado y escrito, en la década de 1960 el advenimiento de la televisión favoreció aún más el predominio de lo hablado a expensas de lo escrito. En contraste con la tendencia durante la década de 1990, la comunicación redescubrió la escritura en niveles claramente no relacionados en términos de vocabulario, gramática y sintaxis, aunque con sincretismos gramaticales y sintácticos a veces audaces (ver SMS), dando lugar a una clara inversión de la tendencia.

Llegados a este punto, es interesante analizar la reacción del poder, no solo del Estado sino sobre todo del lobby, ante una situación que se ha ido descontrolando progresivamente desde la segunda década de los ’70.
Dadas como irrelevantes las situaciones intermedias del primer desarrollo, para llegar a nuestros días, queda confirmado que el poder reaccionó a la «divulgación incontrolada» cada vez más decidida a mantener el control de las fuentes de comunicación, y por tanto del pensamiento.
Asistimos a una fragmentación ideal o ideológica tan descoordinada como difícil de controlar. El contraste con el Senatus mala bestia es menos problemático que el control del Singuli boni viri.
En la imposibilidad inmediata de controlarlo todo, asistimos a la promoción y promulgación de leyes («postales») que, con diversas justificaciones, apuntan únicamente a la limitación de la expresión, que es una censura cada vez más rigurosa temáticamente del pensamiento del individuo.
Por otro lado, asistimos al crecimiento de lo que se define como «piratería informática» que, más allá de las codicias técnicas preponderantes, manifiesta la voluntad o el desafío de la comunicación no homologada, sin régimen, sin censura.

Independientemente de los desarrollos en la oposición entre las fuerzas en el campo, se hace cada vez más necesario tomar conciencia del individuo en el grupo y por lo tanto del grupo para retomar una actitud crítica, de sana duda, en la recepción de la noticia en la expectativa utópica de que la atención igualitaria también se desarrolla en la fase de comunicación.
En síntesis, el abordaje hermenéutico del receptor frente al objeto-noticia-comunicación tal como lo propone-impone el comunicador debe filtrar la identidad asumida del concepto tal como fue propuesto, buscando los propósitos comunicativos condicionantes dentro de él, obteniendo así, aunque el texto-objeto-homologado, su propia facultad personal para asimilar y desarrollar el objeto de comunicación por sí mismo.

Pero esa es otra historia …